domingo, 5 de febrero de 2012

Amanece

Era muy temprano cuando empecé a andar. El suelo crujía bajo mis pies, pero caminar genera calor rápidamente. Me gusta sentir el frío en la cara. El sol ha irrumpido con muchas ganas y lo ha inundado todo de luz, aunque su calor apenas llegaba por culpa de la brisa. El hielo todavía durará.
He hecho algunas fotos.

Huellas en la nieve

Además de las rodadas de todoterrenos, quads y motos, que transitan inevitablemente por caminos, sendas o sembrados para que sus dueños puedan justificar la adquisición de estas máquinas, los días de nieve ofrecen la posibilidad de conocer la fauna de la sierra.
Esta fría mañana (todo el paseo ha sido bajo cero), he podido ver huellas de perdiz, como la de esta foto. Además, abundaban las pisadas de conejo o de arruí. Lo más interesante, las huellas de un zorro siguiendo el rastro de un arruí. En el camino, una deyección fresca confirmaba que se trataba del cánido Aquí las fotos

domingo, 29 de enero de 2012

Cascada de yesqueros


Los yesqueros del pino (fomitopsis pinicola) son frecuentes en las laderas más húmedas del Maigmó. Son duros y viven amarrados a su anfitrión. Son bellos y a veces conforman comunidades curiosas. Vistos desde arriba se mimentozan con el pino. En su borde y desde abajo destaca su colorido.

Hozando voy, hozando vengo


Además de los encuentros con la fauna, que son poco frecuentes, el paseo nos permite adivinar la actividad de los animales que habitan la sierra. Es muy útil ayudarse de los conocimientos que transmite Pep Cantó en su libro Rastros, huellas y señales de la fauna mediterránea, que podéis adquirir a través de su blog y que resulta enormemente ilustrativo.
Esta fría mañana, en la que los charcos estaban helados, he caminado tras las señales de la hozadura de un jabalí. Muy rico debe ser el manjar para tanto esfuerzo. Por suerte aún no nos hemos cruzado, aunque alguna vez los he escuchado cerca.

viernes, 27 de enero de 2012

El refugio

La sierra es infinita. Cada vez que acudo al Maigmó estreno paisaje, con sus condiciones atmosféricas, luz, olor, cambios en la vegetación y las huellas que descubren la actividad animal. Para mí es un privilegio poder disfrutar de este espectáculo cada fin de semana y me estimula seguir descubriendo poco a poco los secretos de este lugar.
En los últimos paseos me he encontrado esta preciosa cueva, bastante alejada de los itinerarios habituales, y que quizás por ello es un lugar perfecto como refugio de arruís. Las inequívocas píldoras negras que llenan el suelo no dejan lugar a dudas. Sin embargo, todavía no hemos coincidido los ungulados y yo. Quiero encontrar una localización discreta que no les moleste y me deje observarles en su sesteo a cubierto. Seguro que llegará el momento. Tiempo al tiempo.
Os dejo la imagen. No se aprecia con claridad la escala, pero creo que caben una quincena de ejemplares sin demasiada dificultad.

lunes, 18 de julio de 2011

Tiempo de Arruís


Vuelven las tardes de verano con su paz y soledad en el Maigmó. Los arruís aprovechan estos momentos para campar a sus anchas antes del ocaso. Este año lucen un pelo fuerte y su figura muestra abundancia de alimento en la primavera. La cría ha ido bien y hay muchos ejemplares nuevos. La manada es numerosa, al menos treinta ejemplares, y mientras comen se escucha el balar característico de las cabras. Se alimentan de cualquier brote, incluso engullen hojas de carrasca. Unas imágenes

jueves, 5 de mayo de 2011

El arroyo de La Hija


El río que viene de La Hija de Dios trae ahora bastante agua, que se aprovecha para el riego de pastos y prados que luego a partir de junio ofrecerán comida en abundancia para el ganado. En su discurrir ofrece vistas preciosas que nos dejan tontos a los que vivimos en el árido sureste. Las vacas encuentran en estas fechas una especie de paraiso que colma todas sus necesidades tras el frío y duro invierno y todavía lejos de la canícula estival. Ahí van unas imágenes ilustrativas